Además del sentido, el sonido mismo de la frase Rock and Roll, alude a movimiento. Y la tarea de un fotógrafo apasionado es lograr el testimonio de esa fugacidad. Nada más. Nada menos.
Así como un gran arquitecto definió su tarea como “música congelada”, Andrés Violante congela un instante para darle el calor de la permanencia. El gusto intraducible de “volverlo a vivir”.
Para lograrlo, seguramente haber transitado la pintura y el periodismo le permitieron desembocar en esta síntesis que se transformó en su pasión, en su profesión: dar testimonio de una nueva verdadera cultura que se fue abriendo paso a codazos en los pasillos de las serias academias.
Sí, el rock es una nueva cultura y los que deciden ayudar a reproducirla, quedan involucrados del mismo modo que lo queda un miembro de una tribu cuando esta lo acepta como uno de sus integrantes. Así funcionan las pasiones y las pertenencias.
No son fotos de presidentes de empresas, ni de sus esposas, no son fotos de la guerra, ni del actor de moda saliendo furtivamente de una disco con su amor de esa semana.
Señoras, señores y por qué no niños, estas son fotos de rock and roll. Y de las mejores. Buen viaje. Y sonrían por favor, o digan whisky.

Tom Lupo

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